miércoles, 15 de agosto de 2007

de sardinas y otros animales.

Volviendo de la escuela, (sí, al igual que muchos de ustedes tuve que volver) en un horrible (oh! cuánto!) metro en hora pico, estaba yo venciendo los efectos de la hacinación contando. Sí, contando.
Andaría yo por ahí del novecientos y algo, cuando al llegar el convoy a la estación Eugenia, se abren las puertas dejando ver a un grupo de unos 6 extranjeros que miraron el tren con cara de espanto; siendo estas personas de tez obscura, no faltaron los políticamente incorrectísimos que entre susurros, perfectamente audibles por la calidad de sardina en la que viajábamos, decían algo así como "ay, mira, unos negros".
Con desagrado, pensaba yo, que cómo era posible que estas personas los vieran como animalitos en jaula, únicamente por no estar al tanto de nuestra cotidianeidad y mostrar un perfectamente comprensible asombro ante la hora pico.
Suena la alarma, se cierran las puertas, y el tren avanza; desde mi perspectiva, los rostros del andén se alejan y al ver el resto del andén, vacío, vino a mí la ironía; que vengativamente me susurró diciendo: "Mira cómo estamos, de seguro ellos piensan que nosotros somos los animalitos en jaula".
Reprimiendo una sonrisa, pues qué clase de psicótico (o masoquista, como apuntase Quino) sonríe en semejantes condiciones, seguí contando.
Por ahí de Hidalgo perdí la cuenta cerca del dosmil cuatrocientos.....

1 comentario:

Citlaliniux dijo...

ora que jui a Xilitla conté las curvas de la carretera y perdi la cuenta en 250...
sta cabrón.